Un simple ejercicio…

Nada de lo que hice hasta hoy provocó que el mundo sea diferente, nada de lo que me propuse hacer fue más allá de mis intereses personales. Y si bien reconozco que nunca supe por dónde empezar, todo comenzó a mejorar cuando descubrí que no estaba solo.

Lo cierto es que la sociedad funciona como una trampa, en la que unos pocos sobreviven y en la que el resto muere antes de hacerse mayor, en la que unos sueñan mientras otros se quedan atrapados sin poder liberarse.

¿Y qué es esto de liberarse? ¿Acaso no soy libre desde el momento en que nazco? ¿Acaso la libertad no está en cada uno de los hombres? Sí y no. Por un lado la filosofía nos dice que somos libres y que elegimos sin razón enfrentados al absurdo de los acontecimientos. Por el otro la realidad nos muestra lo contrario o, al menos, es algo que parecería tenerle sin cuidado.

Y entonces crecemos alimentando esta ambigüedad que nos pone cara a cara con situaciones que tenemos que resolver, decisiones que debemos tomar sin estar del todo preparados. Es que el tiempo no espera y la carrera por alcanzar nuestra meta nos impide detenernos, menos saber a quién tenemos al lado.

Palabras como éxito, dinero, reputación, revolotean demasiado pronto por nuestra cabeza como si fueran lo único importante, convirtiendo al mundo en una lucha descarnada en la que el más preparado no siempre sobrevive. Porque aunque creas que eres el dueño de tu destino, es el sistema el que toma tus decisiones, es él quien decide si avanzas o te quedas aparcado.

De lo que se trata es de entender que a cualquiera de nosotros nos puede pasar. Cualquiera de nosotros corre el mismo peligro. Liberarse significa encontrar el sentido, vivir por algo, realizarse. Y cuando eso pasa recién podemos mirar al otro, cuando eso sucede podemos entender que ese otro te necesita porque tú eres el único que puede ayudarlo. Liberarse significa comprender que no todos tienen las mismas posibilidades, porque aunque nos duela reconocerlo, vivimos encerrados en una cascara que apenas nos ve como grandes consumidores.

De lo que se trata es de comenzar con un simple ejercicio, de lo que se trata es de visibilizar a los invisibles, y hacerles saber que ellos también son parte de nuestra casa; dejar por un momento aquello que nos distrae y entregarnos a la palabra que mejor nos define; despojarnos del prejuicio estúpido y hacer de esta lucha, el faro que los regrese a este lado del camino….

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