Un recuerdo…

Desde la distancia me dejo llevar por un recuerdo y entonces vuelvo a la infancia y a esos años en los que una mujer lo significaba todo; vuelvo a ser niño y me aferro a ese momento, porque sé que no existe un lugar en donde pueda sentirme más a salvo o más protegido. Pero este recuerdo que llega hacia mí, lo hace atravesado por un laberinto de imágenes que borrosas e inconexas, representan el pasado que en ocasiones persigue fines que desconozco. A pesar de eso, me lanzo hacia él sin pensarlo y corro en la noche húmeda por el largo pasillo que conduce a la vereda, me arrojo hacia él atraído por su forma, y ajeno a las voces me aferro a la cercanía de sus caderas; las mismas que en la soledad de mí cuarto, aún hoy me siguen pareciendo el refugio más cálido y el lugar más seguro. Sin embargo, es otra la mirada que me responde, es otra la mano que se desliza con ternura sobre mi cabeza, es otro el semblante que se sonríe y que al mismo tiempo intenta evitar que me sonroje. Pero es precisamente en ese momento, cuando el recuerdo se enciende, cuando me desprendo súbitamente de esa extraña mujer y la busco a ella que está a unos pasos de mí y me mira; es justo en ese instante, cuando el recuerdo deja de ser borroso y me dejo envolver por brillo de su mirada, cuando me arrojo en sus brazos  y me dejo rescatar por esa mujer que me dio la vida…

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