Sucedió en Canarias…

Sucedió en Canarias, el sol estaba a punto de esconderse y desde cielo se desprendía un color rojizo que parecía anunciar la llegada de algo asombroso, desconcertante.

Sucedió en Canarias, no recuerdo su nombre; emergió desde el mar como una sirena y se sentó junto a mí, en silencio. Entonces, ya no el cielo sino todo a mí alrededor se tiño de rojo, y paralizado por ese súbito acontecimiento, no hice otra cosa más que dejarme atrapar por el rumor de la marea, que en comunión con la brisa me embriagó con su perfume; no hice más que dejarme alcanzar por el devenir implacable del tiempo, ese que en ocasiones nos sorprende con un gesto inesperado. 

Y envuelto en un ensueño, me vi dominado por una visión que duró apenas unos segundos, unos instantes en los que volví a ser creyente otra vez y en los que le pedí a Dios que la dejara; le rogué que hiciera todo lo posible por no apartarla de mí lado; y no conforme con eso, atiné a rasgarme la piel, pero aun así no fui capaz de saber si esa mujer era real o estaba siendo víctima de algo que desconocía.

Sin embargo al volver, ella seguía ahí, junto a mí lado, sin quitarme los ojos de encima, alcanzada por la sal que cubrían sus labios y que parecieron susurrar un par de palabras. ¡Es real! me dije, y aún sin estar del todo convencido, giré la cabeza hacia atrás para comprobar si se dirigía hacia mí y al volver una vez más me encontré con su sonrisa diáfana, sus ojos grises y su piel morena. 

Sucedió en Canarias, el mar estaba furioso, las gaviotas revoloteaban en el cielo abierto, y una curiosa energía rondaba a nuestro alrededor; y entonces, convencidos los dos de nuestra suerte, hablamos y nos reímos hasta morir tarde, nos besamos en el preciso instante en que el sol se escondió detrás del horizonte; convencidos los dos de lo que la vida nos ofrecía, nos revolcamos entre risas por la arena, en el preciso momento en que las olas se retiraron en silencio.

Sucedió en Canarias, no recuerdo su nombre, pero jamás podré olvidar el olor de su piel, y ese rostro que me cautivó desde el primer instante, y que hoy llega hasta mí, como el más dulce de todos los recuerdos…

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