¿Existe el amor…?

Antes de intentar develar este misterio, debo confesar que mi respuesta al respecto es bastante desalentadora, quizás porque está sustentada en la ciencia y en el escepticismo que se desprende de la filosofía, que desde Platón, pasando por Kant, Schiller, Schopenhauer, y otros, más cercanos en el tiempo, han sabido tener posturas heterodoxas.

Hablar del amor parece estar ligado a una falencia, a algo incompleto. La iglesia toma esta idea y a través del matrimonio bendice el sexo, la pasión y el amor conyugal, hace de éste un contrato con el fin de establecer un orden y hacer avanzar la sociedad. 

Una parte de la filosofía en cambio, nos dice que el amor no es más que un relato, otra agrega que este relato es utilizado con habilidad por un sistema, en el que el hombre, solo cumple un papel de hiperconsumidor.

La ciencia nos dice que la atracción entre dos cuerpos se debe a una reacción química, producto de la liberación de feromonas; sustancias producidas por nuestro organismo que se propagan a través de la transpiración. La acción no registrada de estas sustancias a nivel del hipotálamo en cada individuo, da como resultado la aparición de emociones positivas y de excitación sexual, que conlleva, de una u otra manera al coito, y con ello a la reproducción de la especie.

Pero tal vez para responder a esta pregunta, debamos fijar la mirada en su representante más fiel o, en su aliada incondicional por excelencia, la poesía; quien se encargó de elevarlo y desde allí desencadenó en un manantial de frases inmortales, que nacieron en lo bello y acabaron todas y sin excepción en la palabra sublime; palabras que cantan y bailan en un universo etéreo donde el caos logra encontrar la armonía. Donde la literatura, entusiasmada por la embriagadora felicidad de su parienta supo representarlo como pocas, sin llegar nunca, a pesar del esfuerzo, a compararse con la sensibilidad de su predecesora.

Y entonces aparecieron las tragedias, la epopeya, la épica, los romances, los clásicos, las representaciones; surgieron nombres como Virgilio, Homero, Lucrecio, Dante, Shakespeare, Hölderlin, Goethe. Distintas formas de arte han querido ser parte de la fiesta, distintas expresiones han querido encontrarle un significado: la pintura, la escultura, la música, el teatro, el cine; todas desde su lugar han querido representarlo. Entonces el fuego se transformó en pasión y ese calor que aun brilla en forma de luz, continua alimentando nuestra conciencia y avivando nuestros corazones. 

Lo cierto es que hasta hoy, ninguna de las artes, ni siquiera la poesía ha podido ganarle la batalla a la ciencia; ninguna de ellas a pesar de ese gran esfuerzo humano que finaliza en el deseo por alcanzar la inmortalidad, ha podido negar que en el fondo somos animales, ninguna, ha podido explicar que es el amor y por qué, como especie, nos empecinamos en  justificarlo…

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