La familia…

Una mañana me propuse la estúpida idea de terminar con el dolor. Ese dolor que sentía cada vez más presente y que inundaba todas las esferas de la vida. No hacía mucho que acababa de leer un libro en el que el autor decía que en el futuro los hombres acabarían con el problema del dolor por medios biotecnológicos; que a través de la biotecnología no solo vamos a poder curar cualquier tipo de dolor sino que incluso podremos resolver las penas de amor. Y entonces, vaya a saber por qué, recordé una pareja de dependientes de Granada en la que solía comprar el atún en los tiempos en que aún no había decidido convertirme en vegetariano. Y sí los recuerdo no es por nada en especial sino es porque solían ponerme verdaderamente incómodo. Tanto ella como él habían desarrollado una extraña capacidad de mantener permanentemente una sonrisa grabada en el rostro; a la que se le sumaba una frase que repetían una vez que tenías tu producto sobre el mostrador: más cositas. Les puedo asegurar que era realmente incómodo. Vayas a la hora que vayas ahí estaban ellos para demostrarte que se puede ser un auténtico payaso con solo proponérselo. Mas cositas, más cositas, y podían estar así hasta que uno decidiera acabar con toda la tienda. Aun hoy luego de que hayan pasado más de veinte años los veo sonriendo como fanáticos. Aun hoy me pregunto si eran humanos o tomaban algún tipo de medicamento que los hacia ser parte de una secta creada por los iniciadores del transhumanismo. No, definitivamente no quería acabar como ellos; prefería continuar con mis dudas y aceptar el dolor sabiendo que algún día éste se iría filtrando en mi vida haciéndose cada vez más protagonista. Tomaba a la medicina como una posibilidad de envejecer mejor, pero jamás esperé de ella un remedio que fuera capaz de negar mi propia naturaleza.

Y lo cierto es que el dolor es vida, el dolor es la otra cara, es la referencia que me permite disfrutar de la  felicidad. Es la posibilidad de experimentar la sensación de la salud perfecta. Ya que si viviríamos permanentemente con una sonrisa en los labios no sabríamos apreciarla. El dolor es vida. El dolor es el que nos pone cara a cara con la muerte. Con esa muerte que debemos asumir lo antes posible si pretendemos llevar una vida plena. El dolor es vida y una vida humana sin dolor, no es una vida humana, sino una vida de fanáticos o de muertos vivos.

Fue así como llegué a la conclusión de que el problema estaba en las instituciones. En esos organismos que parten del Estado y que forman los pilares de cada sociedad. Las instituciones que nos hacen ser quien somos. Porque somos, somos alguien, somos personas que vivimos rodeadas por un entorno que nos condiciona y que nos lleva a tomar decisiones constantemente. Y nuestro éxito, es más un éxito de la comunidad que de nosotros mismos. Porque dependiendo de cómo estén organizadas dichas instituciones vamos a tener más posibilidades de llevar a cabo nuestros sueños.

Sin embargo, hay una institución que depende pura y exclusivamente de nosotros. Una que nos atrapa y nos acobija desde el primer instante. Una que nos hace activos responsables en la formación de cada persona. Una que es la parte o la experiencia más importante de los hombres que hoy nos gobiernan. Una que está presente en todas y cada una de las acciones de los políticos. Y esa institución es la familia. Ahí es donde recae gran parte de la responsabilidad del dolor del mundo. Del dolor que vemos  en las calles, de la desigualdad, de la estratificación, de la falta de empatía, del dolor que vemos en los países que están en guerra.

Y si digo esto no es porque esté en contra de la familia sino todo lo contrario. La familia es la casita del hormero. Es la madre que se desvela por las noches. Es el padre que se desvive por llevar el pan a su casa. Son mis hermanos que me conocen mejor que nadie.  La familia es la tierra fértil, es la semilla, es la reserva de amor que nos permite entender el mundo y mejorar los errores del resto de las instituciones. La familia es ese espacio en donde el amor encuentra la verdad y en donde el éxito halla todas las posibilidades. El éxito como persona.

Una mañana se me ocurrió delirar y, en ese acto tan particular para mí, una de las primeras cosas que se me vino a la cabeza fue la imagen de mi familia. Luego el dolor le dio paso al bienestar y ese día, no pudo comenzar mejor…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *