El realizador…

A veces siento que el tiempo ha pasado demasiado rápido y que todos los momentos vividos no son más que escenas de una película. De una que ahora mismo está teniendo lugar y que todavía no tiene fin de fecha de rodaje. En ocasiones esta idea me atormenta y vuelvo hacia a ella como el que no cree en lo que está viendo. No solo no me reconozco sino que tengo que hacer un esfuerzo enorme para convencerme de que las imágenes son verdaderas. La mente controla el pasado a su antojo y yo apenas soy un títere acosado por recuerdos que me llevan de un lado hacia otro.

Esto me pasa bastante seguido, rara vez lo provoco pero la mente insiste; se empecina en llevarme a situaciones en las que todo parecía estar bien. Quiero decir vuelvo a la niñez, a los brazos de Julieta, a los partidos  de rugby; vuelvo a todos esos momentos en los que no tenía por qué preocuparme. Y como iba a sentirme preocupado si tenía todo eso que hace falta para estar tranquilo: libertad, amor y amistad.

Sin embargo esta película no es siempre la misma; también me devuelve pasajes de mi vida en los que las cosas no estaban del todo bien. Tampoco soy yo el que lo provoca: la mente se mueve con total independencia y no puedo hacer nada por evitarlo.

<Pero es que no pudiste hacer nada –me digo–. Tú no eras más que un muchacho y ella todavía tenía que seguir viviendo>. O de pronto me veo en otro lugar, un amplio y espacioso lugar y pienso: < ¿valió la pena esa decisión? ¿No hubiera sido mejor quedarte?>

Y entonces el tiempo entra en escena y su efecto narcótico depende de la intención de la imagen. Unas veces pareciera que solo tiene el propósito de distraer, otras veces su fin es bastante mayor y el corazón debe intervenir para evitar que la mente haga conmigo lo que se le dé la gana.

Pero esta película tiene un presente. Y este presente significa que las imágenes todavía no se han desarrollado por completo. Las imágenes dependen de mí y no de los caprichos de la mente. Es ahí cuando respiro y tomo conciencia de que yo, soy el realizador de mi propio destino…

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