El hombre que corre…

Tal vez no nos parezcamos en nada, o quizás todo lo contrario; tal vez aún me falte crecer, o quizás todavía tenga que aprender muchas cosas; tal vez solo se trate de saber reír, o quizás de llorar un rato cada día; o tal vez, no haya nada que saber y solo se trate de dejarse llevar. Entonces su aura vendrá a mi encuentro y todo cerrará. La vida habrá hecho su trabajo y la responsabilidad correrá por mi cuenta.

Pero quién puede asegurarlo, las cosas a veces toman un rumbo caprichoso y nos vemos arrastrados con ellas. Y lo cierto es que cada vez que pienso en imitarlo me quedo a medio camino, cada vez que pretendo tomar su ejemplo en mi interior se genera una gran frustración. Luego el consuelo viene en mi ayuda y descubro que no tengo de que lamentarme, miro a mi alrededor y llego a la conclusión de que son muy pocos los que pueden hacerlo.

Por otra parte, nadie puede negar que se necesite un esfuerzo, o pretender que solo por el hecho de llegar a la madurez te espere algún tipo de recompensa. Nada de eso. La vida responde en función a la ilusión, o mejor dicho, a las ilusiones que le hayamos atesorado; y entonces ésta puede fijar en nuestro rostro una expresión marcada por la oscuridad, o hacer de éste último un espejo en el que todos deseen reflejarse. 

Cada vez estoy más convencido. No es más  que una luz. Y esa luz hace que todo a su alrededor brille, como lo hace la mañana cada vez que tiene la urgencia de despertarnos.

Nos conocimos hace mucho tiempo. Yo apenas despegaba del suelo y él ya me había enseñado que para vivir hay que ser apasionado. Que la vida no tiene ningún sentido si uno no tiene la capacidad de apasionarse. Que nada vale la pena si no está ese ingrediente mágico. Y eso es lo que es, es muchas cosas, pero sobre todo, es un hombre apasionado.

Fue así como descubrí la pasión. Me regaló una pelota y una camiseta y desde entonces mi corazón late con más fuerza. La vida no solo pasó a ser distinta sino que entendí que solo se trata de amar. Boca Juniors fue mi primer amor y eso también se lo debo a él.

No puedo decir que lo conozca bien; o para decirlo con otras palabras, viví durante mucho tiempo sin darme cuenta de porque hace todo lo que hace (digo hace porque todavía hoy con más de 70 años sigue corriendo, todavía hoy sigue siendo el héroe que llega en el último minuto; aquel que no duda, ese que entrega todo lo que tiene). Y lo que hace es correr: correr por lo que cree, correr por lo que ama, correr, simplemente correr.

Y así es como lo veo, como el hombre que corre para todos lados, como el hombre que está a cualquier hora y en cualquier parte, y que desinteresadamente se entrega a la causa sin pensarlo; como el que deja lo que está haciendo y siempre encuentra la escusa perfecta para ir en auxilio del que lo necesita; como el que ayuda desde su naturaleza y no solo cuando la naturaleza del dinero le dice que puede hacerlo; como el hombre que soñó con una familia unida y, sin pretenderlo, se convirtió en un padre más allá de las fronteras de su casa.  

<<Generoso es el que ayuda cuando tiene dinero, pero más generoso el que lo hace cuando no lo tiene>>. <<Un día amargado, es un día que se pierde>>. No, él no es un filósofo ni tampoco pretende serlo. Es simplemente un obrero, un tipo que se despierta temprano. No, su intención no es alcanzar la inmortalidad, ni hacer nada para que alguien le haga una reverencia. No, no tiene necesidad de hacerlo; tampoco de trabajar su ego. No la tiene porque el ego es algo que desconoce y la palabra trabajo es para él la posibilidad de llevar un plato de comida a su casa. No, él no es un filósofo, no busca diferenciarse del resto, ni es algo que le preocupe demasiado. Es el hijo del inmigrante español, un hombre algo encorvado y de mirada franca, un niño que nunca ha dejado de correr o, simplemente, un hombre que corre.

Recuerdo aquel día que me fui de Argentina, recuerdo ese abrazo interminable y su rostro lleno de lágrimas. Su sueño se derrumbaba y sin embargo me apoyó, el aeropuerto se había transformado en un escenario frío e insensible y sin embargo me dejó ir; y lo hizo respondiendo a su naturaleza, y con las palabras de las personas que saben amar: “Cuídate mucho Gastón, acá siempre vas a tener tu casa”.

Quién puede imitarte viejo. Si cuando analizo toda mi vida y dejo crecer las imágenes en mi cabeza veo que sos vos el que está a mi lado, el que de acuerdo o no con mis decisiones nunca dejó de hacerme sentir su apoyo; el que a pesar de la distancia nunca ha dejado de escucharme y ponerse contento cuando me pasa algo bueno; quién puede imitarte viejo, cuando sé lo que sufres al no atreverte a decirme que vuelva, porque sabes que es una decisión mía y porque sabes también que esa decisión es lo que me convierte en un hombre libre.

No, seguramente no nos parezcamos en nada, pero si hay algo de bueno en mí; si hay algo de bueno en lo que hago, no tengo dudas, te lo debo a vos…

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