Bodas de oro…

<Pareciera que esta noche las estrellas intentan comunicarme algo> -se dijo Carlitos antes de ponerse el traje.

-Son como mágicas luciérnagas -le dijo Dora a su hermana mientras recogían la ropa de la soga.

La noche encierra un misterio que en ocasiones pretendemos develar con palabras, frases que brotan espontáneamente y que navegan por un cielo oscuro en donde convergen fugaces ensoñaciones, mágicos resplandores que bailan incansablemente y que guardan un secreto. Pero sucede que casi todas estas palabras que surgen de este milagroso asombro, la mayoría de las veces tienen un sentido equivocado. Todas excepto una. Y esa palabra es el amor. El amor que nos sorprende una mañana cuando vamos al trabajo; el amor que a la orilla del río hace un pacto con la luna para que nos proteja. Y entonces un día toca nuestra puerta y ya nada es igual. No solo experimentamos una transformación sino que esta repentina metamorfosis nos transforma en personas distintas. Mejores. El espejo lo confirma con una sonrisa y todo a nuestro alrededor parece iluminase. Su meta no es ya alcanzarnos sino habitar en cada una de las cosas que nos rodean. Y si bien no  somos del todo conscientes de su objetivo, una vez que lo experimentamos, rara vez nos sentimos más vivos. Todos y sin excepción tomamos consciencia de que nuestras vidas están atravesadas por esta fuerza arrolladora.

-Chango me gusta esa, la piba del vestido azul.

-Dale Pelo, yo voy con la amiga –respondió el Chango que se acabó la copa del tirón para envalentonarse.

Los muchachos se presentaron y las chicas sonrieron. Carlitos clavó su mirada en la morocha y pensó en aquel cielo que parecía ocultarle algo. Dora pensó en las luciérnagas y sintió un cosquilleo en el estómago.

De pronto comenzó a sonar un tema de Juan Ramón y Carlitos tomó a Dora de la mano sin decirle nada. Ella se dejó llevar por el entusiasmo de él y en un momento estuvieron en la pista. La sala estaba llena pero ellos se dejaron llevar por la música sin dejar de mirarse. Luego comenzó  a sonar un rock y se tomaron de la mano como si lo hicieran desde siempre. Entonces se rieron y se dieron cuenta de que nacieron el uno para el otro.

Meses después pasaron por el registro civil y decidieron gritarle al mundo que se habían enamorado. De esto hace ya algunos años. Tantos que al final tuvieron su recompensa y hoy ostentan un título que está reservado para una minoría; un premio que los convierte en eruditos en la única materia que hace funcionar el universo.

Cuando alguien se pregunta cómo se hace, yo solo tengo que imaginarlos bailar rock and roll; cuando alguien me pregunta sobre el amor, yo solo tengo que pensar en mis viejos…

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