Alma…

Estoy feliz, lo estoy porque hace apenas unos instantes pensé en lo afortunado que era. Lo estoy porque mi cuerpo no para de emitir señales que van desde los pies a la cabeza. MI cuerpo no me engaña, y si no lo hace no es porque sea bueno o malo, simplemente es porque éste no es más que una realidad fresca y viva que solo sabe obedecer y manifestarse. No lo hace, además, porque sufunción principal es seguir las órdenes de una entidad infinitamente superior: el alma.

Sé que esto puede parecer una banalidad, pero en verdad no es así. Y si bien es cierto que el cuerpo es esclavo de la mente (una mente que lo único que pretende es confundir con elobjeto de prolongar esta sumisión para siempre), es el alma y no la mente la fuerza capaz deliberar al cuerpo. Por ello, una vez que el cuerpo consigue romper con este sometimiento, no solo logra despertarse sino que la confusión desaparece y, al hacerlo, la felicidad tiene más posibilidades de manifestarse. Una vez que el cuerpo lo entiende así,  es rebasado por cientos de vibraciones que parten desde el estómago y se irradian a través de la sangre, alcanzando cada rincón de éste hasta llegar a los centros nerviosos. A partir de ahí los sentidos dejan de confundir y los deseos desaparecen. La intranquilidad es sustituida por la calma y entonces el ego sufre la primera derrota. El futuro deja de tener sentido y todo pasa a ser presente. Un presente en el que ya no hay nada que perder porque la dicha habita en todas partes.

Sé también que esta sensación que ahora mismo me alcanza no es más que algo efímero, que todavía el camino me prepara distintas pruebas y que el mañana no tendrá más remedio que hacerme volver a las preocupaciones. Preocupaciones que se irán disipando en la medida en que tenga el valor necesario para enfrentar los miedos. Mientras tanto, la felicidad se irá y volverá, una y otra vez, como el hada madrina que aparece en los cuentos de los niños.

Sin embargo, nadie puede robarme este instante. Nadie, ningún médico o especialista, ningún erudito o sabelotodo; nadie, por más que se empecinen en demostrar que no tengo pruebas para afirmar lo que estoy diciendo. Y lo cierto es que la única verdad que tengo para ofrecer está en mi rostro. La única posibilidad de demostrarlo está en esa realidad sensible e inmaterial que no se ve, y que deja su rastro en forma de luz cuando logramos apartarnos de lo irreal para entregarnos por completo al universo todo; que no se ve, y que llamamos con el nombre de alma…

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