Un caso clínico…

Es común utilizar la palabra loco cuando pretendemos resaltar el carácter de alguien, o incluso ir un paso más allá con nuestra apreciación si vemos que esa persona es muy inquieta o no para de hacer distintas actividades. Entonces la palabra loco se nos queda corta y decimos este hombre (o esta mujer) es un caso clínico.

Pero, ¿qué es  ser un loco? Bueno, el diccionario nos dice que loco es un individuo con las facultades mentales alteradas, o aquel que se comporta de forma disparatada o imprudente sin pensar en las consecuencias. Claro que si nos detenemos por un instante en esta definición todos deberíamos entrar; ya que la mayoría de las cosas las hacemos sin pensar. Quiero decir nuestro cerebro es un entramado yuxtapuesto de información alimentado por símbolos provenientes del dispositivo; un hipertexto que se renueva constantemente y que nos hace funcionar sin que tengamos que detenernos. Y si bien esto no quiere decir que las consecuencias no se tengan en cuenta, no somos más que el reflejo inconsciente del mundo en el que habitamos. Un mundo que no es más que una disparatada locura.

Por ello, creo que antes de continuar hay que diferenciar el loco del idiota. Y si digo que hay que diferenciarlos es porque cuando hablo de locura me aparto del loco del párrafo anterior; quiero decir del loco que el sistema encierra en los manicomios sin ningún criterio. No, de ese loco, o de ese tipo de locura no hablo. En primer lugar porque para mí la locura es libertad, es creación, es posibilidad, aunque solo sea por un instante, de apartarse del dispositivo; ejemplos muchos y por señalar a uno podemos nombrar a Hölderlin. Segundo porque veo a la locura como una posibilidad de alejarme del miedo para entregarme a algo que desconozco; una manera de despreocuparse del cuerpo y entender que hay algo infinitamente superior. Tercero, porque al asumir el riesgo de penetrar en este bosque encantado no solo tengo la posibilidad de encontrar la verdad sino de mirar cara a cara a la muerte. El idiotismo en cambio es negación; no solo porque se desprende del pasado sino porque, por lo general, el chalado es el listo que lo único que busca es llamar la atención. Puede resultar gracioso pero aporta poco. No solo no aporta demasiado sino que su humor, en la mayoría de los casos, alberga un germen narcisista.

Por otra parte, sí que es verdad que hay un espécimen intermedio (y perdón por la palabra espécimen no intenta agredir sino más bien nivelar); un tipo que al estar atrapado en este mundo tan particular se ve atraído por muchas cosas y a todas intenta prestarle atención. Alguien que puede no estar en la búsqueda y que, sin embargo, entra dentro de esta categoría. Categoría no menor, e incluso importante, muy importante, pero que no alcanza elestado superior de la locura. La locura bien entendida o entendida como ingrediente fundamental para el creador.

No, no hay posibilidad dentro del dispositivo. No la hay porque no existe evasión posible cuando en mi cabeza predomina el miedo de arriesgarse. Arriesgarse a perderlo todo a cambio de nada. No, no existe locura posible si de ante mano subyace la idea del remedio, porque la locura misma es el remedio. Lo es porque me hace ver que todo lo que esté fuera de mi actividad tiene una importancia menor, menor porque lo único que me sostiene a la vida es eso que elegí. La locura no solo es vital sino que cuanto más me acerco a ella más posibilidades tengo de llegar a mí mismo. Quiero decir a ese ser que desconozco y que habita en mi interior. Todo lo demás, no son más que estimulantes provenientes del exterior que actúan sobre el organismo para que esta existencia fenoménica no se haga demasiado pesada…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *