¿Quién soy…?

Poco o nada de lo que hago soy yo. No lo soy cuando la alarma del reloj me despierta por la mañana. No lo soy aunque me sienta responsable de la niña que duerme en la habitación de al lado. No lo soy a pesar del optimismo. No lo soy, ni siquiera cuando el espejo insiste en hacerme creer lo contrario.

Pero voy al trabajo y asumo la parte que me toca; me enfrento a mis posibilidades y una vez más cedo ante el miedo de quedarme sin nada. Sin embargo, rara vez se me cruza por la cabeza la pregunta de si con mi decisión estoy provocando que las cosas empeoren, o de que en el futuro alguien se vea perjudicado. Simplemente pienso en mi familia y me convenzo de que he tomado la decisión correcta.

La decisión correcta que nunca es la correcta. Y si nunca lo es no es porque no sea una decisión pensada y decidida en conjunto, no lo es porque siempre está marcada por el interés. Claro que apartarse del interés en un mundo que privilegia lo económico por sobre lo humano es de idiota. Pero, ¿es de humano tomar decisiones sin pensar o pensando en un mercado que lejos de humanizar excluye a la mayoría?

Y lo cierto es que no soy yo porque la economía ha querido que deje de serlo; porque vivo en un mundo que ha pasado de implantar políticas de mercado a economizar cada rasgo de mi vida. No lo soy porque cada paso que doy está marcado por intereses económicos. No lo soy y cuando busco un trabajo no pienso en sentirme realizado sino en hacer dinero  o, en todo caso, en la felicidad que ese dinero me puede aportar. No lo soy, y cuando me enamoro no lo hago pensando en entregarme sino en establecer un contrato (económico) en el que al final (quiero decir cuando la relación se acabe) mis fondos no se vean demasiado perjudicados.

Vivimos en el mundo del precio, a todo le asignamos un precio y en este gran mercado las personas se han acostumbrado a valorarse en función de lo que poseen. Si soy rico no tengo problemas mientras la fortuna no me cambie. Si no lo soy pero poseo una carrera tengo que conseguir que ese estudio se transforme en el vehículo que me lleve a subir el escalón por el cual tanto me esforzado. Quiero decir por ser rico y no mejor persona. Da igual si eres bueno o si eres un hijo de mala madre, da igual si trabajas en una ONG o eres agente de bolsa, da igual si eres bombero o trabajas como abogado en una tabacalera. Da igual, el mercado todo lo ve en función de números y parábolas económicas. Un expresidente americano dijo: lo que puedes cobrar depende de lo que puedas aprender. Y no es que esté en contra de aprender pero me quedaría más tranquilo si alguien dijera: el amor que puedas acumular depende de la capacidad que tengas para desaprender.

No somos más que partículas de polvo, o pequeños átomos sobreviviendo en el barro; un barro que ha perdido sus propiedades curativas para pasar a ser una arena movediza que insiste en hacer que nos hundamos: un triste y penoso escenario en donde los podres son cada vez más pobres y la meritocracia no es más que una palabra vacía que los ricos utilizan con cinismo para hacer de sus posiciones un reflejo de las antiguas monarquías.  

No soy yo, y la decisión correcta me lleva a comprar un pasaje de avión y hacer lo que hizo la protagonista de la película que vi la noche anterior: dejar el trabajo para meditar unos meses en un resort de la India; o coger el auto y hacer quinientos kilómetros porque me apetece tomar un helado. No lo soy, y la decisión correcta que jamás suele ser la correcta, en lugar de serenarme, acaba por resolver la duda con un pueril y espontaneo sentimiento de libertad que parece haber llegado para salvarme…

Un pensamiento en “¿Quién soy…?

  1. Eres, aunque decidas lo contrario, aunque el río te lleve,en el fondo, eres. Eres el que se toma ese helado y luego asume sus consecuencias, eres el que se despierta cada mañana y pone los pies en el suelo frío para ir a trabajar pero con una medio sonrisa en la boca porque sabe que va a escuchar rock a toda mecha en el coche de camino, eres el que se preocupa por si mismo hasta el punto de cuestionarse lo que la mayoría ni siquiera imagina, eres tú aunque no lo creas el creador de tu realidad y de ti depende cambiarla. un besazo

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